Renacer dell’Italia
- hugosabogal

- 20 oct 2025
- 3 Min. de lectura

Hugo Sabogal
Por fin, l’Italia ha logrado poner pies firmes sobre la tarima de los más notorios productores de vinos importados en Colombia y lo ha hecho pese a los rocosos periodos del sector durante cuarenta y cinco años. Ahora Italia ha dejado atrás la mala hora y acaba de subirse al cuarto lugar después de Chile, España y Argentina, los tres colosos que lideran la lista de importaciones.
Los vinos italianos se hicieron visibles en Colombia a finales del siglo XIX y principios del XX, gracias a la llegada de inmigrantes de esa nacionalidad a ciudades como Barranquilla, Cartagena, Cali y Bogotá.
Sinsabores del siglo XX
Hasta bien avanzado el siglo XX, el volumen de sus importaciones fue modesto. Pero con la apertura económica y el aumento de consumidores, las ventas repuntaron. Un gran obstáculo fue la introducción, en 1990, de un IVA del 20% a los vinos europeos. Sin embargo, tintos como Chianti y Lambrusco, y blancos como Frascati, ya contaban con devotos entusiastas. Luego irrumpió el Prosecco (el espumoso de moda) e Italia terminó por tomar impulso, poniéndose detrás de Chile, España, Argentina y Francia. La novedad, en 2025, es que Italia desplazó a Francia del cuarto lugar.
En un reciente evento del Italian Trade Center, en Bogotá, y que contó con la participación de productores de distintas regiones italianas, se revelaron los detalles: en 2024, las importaciones de vinos de ese origen alcanzaron en Colombia los 9,4 millones de dólares, con una variación positiva del 9% frente a 2023. Y en lo que va corrido de 2025, registraron ventas por 6,1 millones de dólares, con un crecimiento del 25,5% frente al mismo período de 2024.

Ascenso seguro
“Este escenario brinda una gran oportunidad para que los productores italianos fortalezcan su presencia en el país y satisfagan la creciente demanda de un público cada vez más sofisticado”, recordó el embajador de Italia en Colombia, Giancarlo Maria Curcio. Ahora el reto es mantener la dinámica y enfrentar la competencia de Chile, Argentina y España, países con estrechos lazos históricos con Colombia.
Para Italia, el reto actual es potenciar las motivaciones sensoriales y experienciales que hoy demandan los consumidores: Storytelling, lo llaman los expertos. Es un corolario de encantos casi ilimitado: historia, leyendas, césares, catedrales, pintores, escultores, paisajes, museos, arte, cultura, música, moda, diseño, comida y todo lo que dignifica la vita bella. Ello, para abrirles el telón a variedades, estilos y puntos de origen como Nebbiolo, Barbera, Agliánico, Trebbiano y Glera; Barolo, Amarone de la Valpolicella, Vino Nobile di Montepulciano, Vermentino, Pinot Grigio, Franciacorta, Brunello de Montalcino y Súper Toscano; y Piamonte, Véneto, Toscana, Puglia y Trentino Alto Adige.


Todo un jardín de la vid
Tal reservorio motiva al más curioso. Así lo dijeron los griegos tras descubrir la península e identificar su natural armonía con la vid y el vino. Decidieron referirse a este territorio con el apelativo de Enotria (o tierra del vino). De esto, hace más de dos mil años. Y Enotria no deja de hechizar.
*Esta columna fue publicada en la sección 'Entre Copas y Entres Mesas' en la edición domionical del diario El Espectador, Bogota, Colombia (19/10/2025)

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