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Renacer del vino en Grecia

  • Foto del escritor: hugosabogal
    hugosabogal
  • 13 nov 2025
  • 2 Min. de lectura

Representación pictórica del servicio del vino
Representación pictórica del servicio del vino

Hugo Sabogal

Las primeras luces del vino comenzaron a brillar hace ocho mil años. El chispazo de partida fue el descubrimiento de la especie Vitis vinifera, que brotaba de manera silvestre en las estribaciones del Cáucaso, entre el Mar Negro y el Mar Caspio, justo en el límite de Europa Oriental con Asia.

 

Momentos clave en la antigüedad

 

Domesticadas las plantas, surgió el brebaje mediante fermentación espontánea, y la fértil región de Mesopotamia ofició como uno de los primeros centros de cultivo y elaboración. Le siguieron, en el año 3.000 a.C., Fenicia, y un milenio despues, en el 2.000 a.C., Grecia. Entre el 300 a.C. y 500 d.C. se sumo el imperio romano, iniciando cultivos en lo que hoy es España, Portugal y Francia.

En Grecia, los habitantes de la isla de Creta fueron los primeros en producir vino, y, desde entonces, la bebida está presente en todos los ambitos de su sociedad: desde el cotidiano hasta el cultural, intelectual, médico y religioso, eso sí, al amparo de Dioniso, su protector mitológico.


 

Origen de la palabra vino

 

Como adalides, los griegos inventaron el lenguaje del vino, empezando por el mismo vocablo oînos y sus derivados: enología, enólogo, enófilo, enoteca.

Si bien los vinos griegos permanecieron alejados del entorno comercial hasta finales del siglo XX, las nuevas propuestas no dejan de sorprender por su calidad, diversidad y refinamiento. Ya no es únicamente Retsina –el modesto vino blanco saborizado con resina de pino– el que identifica a Grecia. Ya superados los difíciles traumas políticos y económicos del siglo XX –y que impactaron negativamente al sector–, el vino griego vuelve a convertirse en un origen buscado.


La nueva era


Algunas de las nuevas propuestas, 'posando' en el difícil entorno de Santorini.
Algunas de las nuevas propuestas, 'posando' en el difícil entorno de Santorini.

 Entre sus impulsores figuran jóvenes enólogos formados en las mejores escuelas del mundo, quienes trabajan con energía y pasión, incorporando tecnología de punta y –lo más fascinante– recurriendo a un patrimonio de más de 300 variedades ancestrales únicas, que ofrecen un corolario de estilos, sabores y texturas. Este desarrollo coincide con la actual posición de Grecia como emblema cultural, histórico y turístico del Mediterráneo, lo que le abre incontables puertas.

La renovada escena cuenta con jugosos blancos y potentes tintos, nacidos en una variada topografía, bajo condiciones climáticas ideales: desde las brisas marinas hasta el frescor de las montañas.

 

Vinos griegos que debe probar

Como puerta de entrada, estos son algunos de los vinos más destacados:

Assyrtico: blanco originario de la isla de Santorini. Brota de suelos volcánicos y presenta un estilo seco, con toques cítricos y minerales que hacen agua la boca.

Malagouzia: blanco aromático rescatado del olvido y ahora muy popular en Grecia. Sugiere flores blancas y matices mentolados y cítricos.

Xinomavro: se origina en Macedonia, en el extremo norte. Es un tinto complejo e intenso, con aromas frutales y herbales.

Mavrodaphne: cepaje tinto de color rojo profundo, cuerpo medio y marcada acidez. Es un símbolo de los nuevos tiempos. ¡Eis ygeian! por Grecia.

*Esta columna fue publicada en la sección 'Entre Copas y Entre Mesas' en la edición dominical del diario El Espectador, Bogotá, Colombia (27/07/2025).



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