Remezón a la vista
- hugosabogal

- 26 ene
- 3 Min. de lectura

Por Hugo Sabogal
Preocupados por a la espada de Damocles que pende sobre los vinos por cuenta de nuevos impuestos locales, bodegueros, importadores y consumidores deberán prepararse también para un remezón global que traerá cambios insospechados en la vitivinicultura y en su cadena de valor.
Las distintas amenazas

Las vides de linaje deberán ser reemplazadas por plantas híbridas capaces de sortear fenómenos climáticos amenazantes: fuertes olas de calor, sequías, heladas, tormentas, plagas e inundaciones. Las primeras previsiones incluyen traslado de viñedos a zonas más seguras, cosechas tempranas, mejoras en el manejo del cultivo, agricultura sostenible, variedades híbridas, nuevas categorías de producto, envases ecológicos, lenguajes de comunicación más universales y… muchos recursos.
Variedades en ascenso

En países productores como Francia, Italia, España y Alemania se han identificado cepajes de baja adaptabilidad al calor, que deberán reemplazarse. Son cuatro clásicos: Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir y Airén. Se cambiarán por vides mejor dotadas para enfrentar azotes ambientales: Mourvèdre, Garnacha, Touriga Nacional, Marselan, Syrah y Castets.
En el caso de Burdeos, paraíso de tintas como Cabernet Sauvignon y Merlot, los componentes de sus ensamblajes también deberán modificarse. Se evalúa el acople de Castets, antigua variedad bordelesa, con Syrah, originaria del Valle del Ródano. El objetivo es obtener un blend de máxima calidad. Gran novedad es rescatar la Petit Verdot, cuyas fortalezas genéticas la hacen ideal para encarar los nuevos tiempos. En la vecina Borgoña, ante niveles de temperatura mayores a los habituales, se plantea recurrir a la Gamay –dueña de un alto nivel de acidez– para ocupar segmentos dejados por la Pinot Noir.
Las 'nuevas blancas'

Igualmente, los reemplazos para sustituir a finos y frágiles linajes blancos como Sauvignon Blanc y Chardonnay se centran a dos castas gallegas de reconocida resistencia natural: Alvarinho o Albariño y Trajadura.
Adicional al reemplazo de variedades, debe potenciarse la búsqueda de nuevas áreas de cultivo, dentro y fuera de las zonas tradicionales. Otro recurso es el de las hibridaciones, cuyo propósito es asegurar una mejor defensa ante plagas y enfermedades. Se les conoce como los Piwi, o sea, cruces de la especie Vitis vinifera con plantas ancestrales de Norteamérica y Asia. Ya han surgido blancas como Floreal (ensayada en Champaña), Solaris, Souvignier Gris, Muscaris, Johanniter, Cabernet Blanc y otras. Entre las tintas destacan vides como Regent, Cabernet Cortis, Rondo, Rathay, Roesler, Monarch y Cabernet Carbón y varias más.
Otros tiempos, otros paladares, otros vinos

En materia de estilos, ganan espacio los biodinámicos y los llamados
Pét-Nat, espumosos naturales, rústicos, frescos, de burbuja fina y, a menudo, turbios, debido a la presencia deliberada de levaduras y sedimentos. Y vendrán vinos blancos de regiones con variedades tintas y viceversa, como los Rioja blancos y los champanes rojos, sin olvidar el renglón de los vinos sin alcohol, que va en ascenso. Aunque aún navegamos en aguas agitadas, la realidad es cruda: si la vitivinicultura no se adapta, comprometerá su visión de futuro para siempre.
*Esta columna fue publicada en la sección 'Entre Copas y Entre Mesas' en la edición dominical del diario El Espectador, Bogotá, Colombia (25/01/2026).

.png)







Comentarios