La invención del sacacorchos
- hugosabogal

- 20 ene
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Hugo Sabogal
Uno de los utensilios quizás más utilizados en las recientes celebraciones navideñas fue el sacacorchos, instrumento diseñado para extraer el corcho de una botella de vino. Todo esto, a menos que venga sellada con tapa rosca, mecanismo también utilizado desde los años cincuenta para proteger la bebida del aire.
Mi punto de partida es un excelente ensayo escrito para el portal Popular Science por el cronista Andrew Coletti, justo el 31 de diciembre de 2025.
Aceite de oliva o resina


Para entender la importancia del sacacorchos, Coletti nos transporta a la Edad Antigua, cuando tapones hechos con la corteza del alcornoque hicieron su aparición. Por ejemplo, los romanos los utilizaban para sellar ánforas de arcilla en las que almacenaban vino. Fue un gran salto porque, hasta entonces, los viñateros antiguos solían verter en el interior del recipiente un chorrito de aceite de oliva para crear una capa protectora. Materiales similares incluyeron cera de abeja, brea y resina de pino, protegidos con un trapo. Sin embargo, estos selladores y aditivos cambiaban el sabor del vino y sólo prolongaban su vida útil hasta cierto punto.
Vidrio y corcho

Al llegar la Era Moderna, el soplado de vidrio avanzó lo necesario como para que el vino pudiera envasarse en botellas selladas con tapones de corcho. Gracias a su porosidad, el material facilitaba el ingreso de pequeñas cantidades de oxígeno, suficientes como para potenciar los sabores de la bebida.
Coletti acude a investigaciones del periodista estadounidense George M. Taber, vinculado por años a la revista Time, quien fue uno de los primeros en revelar los detalles sobre la revolución del sacacorchos. Según Taber, "durante décadas solo había dos formas de quitar el corcho de una botella, y ambas eran malas". Una era dejar parte del tapón por fuera del envase, dificultando su almacenaje y disminuyendo su capacidad de sellado. Otra era empujarlo hasta cubrir la boca. Aunque el procedimiento funcionó, implicaba descabezar el gollete mediante pinzas metálicas al rojo vivo o mediante un sable , dejando los envases inutilizables.

Según relata Taber, la solución final provino de experiencias ajenas al vino.
Desde mediados del siglo XVII, los soldados y cazadores europeos empleaban una pequeña espiral metálica para extraer del cañón de sus mosquetas los cartuchos atascados dentro del tunel. Ese espiral, llamado "gusano de acero", resultó ideal para extraer corchos incrustados en botellas de vidrio.
La era del sacacorchos

Y ya para mediados del siglo XVIII, el sacacorchos se había vuelto un implemento común en toda Europa, contribuyendo a inaugurar un nuevo capítulo en la historia del vino. Y la bebida podía envejecer y almacenarse por tiempos más prolongados.
En 1882, el alemán Carl Wienke patentó un sacacorchos plegable y con un sistema de palanca para sacar el tapón sin esfuerzo. Es el mismo que hoy llamamos “Sommelier”, cuyo uso en bares, restaurantes y viviendas sigue vigente. No importa contra qué se le compare, el sacacorchos manual siempre sale victorioso.
*Este artículo fue publicado en la sección 'Entre Copas y Entre Mesas' en la edición dominical del diario El Espectador, Bogotá, Colombia (18/01/2026).

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