Pasión por el vino japonés
- hugosabogal

- 13 sept 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 9 oct 2025

Hugo Sabogal
En la actual Norteamérica enófila, nada supera la palpitante fiebre por los vinos japoneses. Saturados por la abundancia de productos franceses, italianos y españoles de alta gama, coleccionistas, entusiastas y sommeliers encuentran ahora en la propuesta nipona una enorme cantera de emociones y posibilidades.
El fenómeno comenzó tras la pandemia y tomó fuerza en 2022. El grueso se centra en vinos hechos con Pinot Noir, plenos de aromas frutales y florales.
Aunque los volúmenes son todavía bajos, las botellas enviadas a Estados Unidos no dan abasto. Todo el movimiento se centra en importadores exclusivos, restaurantes japoneses y tiendas selectas, todo lo cual dificulta la oferta al detal, haciendo que el precio de lista se multiplique por tres o por cuatro Así, un Pinot Noir de la célebre bodega Domaine Tahahiko ronda los US$150 por unidad, pero ningún comercializador lo suelta por menos de US$500 o US$700. Así lo pudo constatar Hannah Staab, periodista y editora asociada del portal VinePair, tras una juiciosa investigación.
¿Qué es lo que despierta esta sed por los vinos japoneses? Según los hallazgos de Staab, el principal atributo es la excelencia en la elaboración, rasgo afín a la cultura japonesa. Otro atractivo es el manejo natural y artesanal de los procesos, y la búsqueda de la esencia. Dicho manejo equivale a priorizar el empleo de levaduras autóctonas, eliminar productos químicos en el cultivo, evitar la adición de sulfitos, practicar la intervención mínima en viñedo y bodega, y respetar la gestación natural de cada botella. No en vano, Tokio es el paraíso de los vinos naturales.
Pinot Noir, el mejor exponente
En materia de variedades, además de Pinot Noir, Chardonnay y Merlot (uvas de origen francés), los cepajes autóctonos incluyen la blanca Koshu (fresca y aromática) y la híbrida tinta Muscat Bailey (insinuante, frutal y sensualmente floral). En boca, los vinos se sienten ligeros y expresivos, con taninos suaves y un sabor digno de armonizar con muchísimos platos de la cocina nipona.
Dado el tamaño del actual boom en Norteamérica –en restaurantes de alta cocina japonesa, enotecas especializadas y comunidades de expertos y coleccionistas–, ha sido necesario aumentar el número de bodegas productoras a cerca de quinientas, todas bajo el mando de enólogos locales, fogueados en Europa.
En marcas sobresalen Gekkeikan, Hakutsuru, Juyondai, Ozeki y Hakkaisan, todas enfocadas en principios de excelencia, muy al estilo de lo que han hecho sus colegas con los whiskies de malta y las ginebras. El Yamazaki Single Malt 55 Años alcanza, en subastas, niveles de un millón de dólares por botella, mientras que Hibiki 35 años Blended Whisky supera los $85.000 por unidad. Y entre las ginebras, destacan Roku Gin, Ki No Bi Kyoto Dry Gin y Sakurao.
A la observación de por qué los japoneses no se centran en su sake, cabe señalar que su cultura ancestral ha incluido el manejo tanto de fermentados como de destilados, así que para ellos hay que aprovechar la novedad y el momento.
*Esta columna se públicó en la sección 'Entre Copas y Entre Mesas', en la edición dominical del diario El Espectador, Bogotá, Colombia. 24/08/2025
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