Nadal, el viñatero


Hugo Sabogal
Quienes se retiran del tenis profesional –deporte de notorio desgaste físico, alta exigencia mental y difícil control emocional– suelen dedicarse a las inversiones, los negocios y el montaje de centros de alto rendimiento. En el caso del mallorquín Rafael Nadal, ganador de veintidós Grand Slams, el camino va por otro lado.
Antes de anunciar su retiro, en octubre de 2024, Nadal venía zurciendo el proyecto de ser dueño de una pequeña bodega de vino y de una marca con rasgos únicos, anclada en la historia del vino español, respetando la integridad de la uva, el terruño, la tradición y el medio ambiente.
Surge el sueño
Este sueño le surgió tras probar vinos de una bodega localizada en Murcia, donde los fenicios habían dejado huella. Una de ellas fue la cepa Monastrell, conocida también como Mourvèdre (en Francia) o Mataró (en Cataluña).
En una entrevista concedida al diario estadounidense The Wall Street Journal en 2021, Nadal precisó detalles y contó que sus gustos sensoriales giraban en torno a dos pasiones: los chocolates y los vinos tintos hechos por la familia Gil en su histórica bodega El Nido, en Jumilla, provincia de Murcia, sudeste peninsular.
Nadal viajó repetidamente a Jumilla y construyó con los Gil una relación de admiración y aprecio, al punto que decidió asociarse con ellos. Su objetivo era producir un vino propio bajo la asesoría técnica de los Gil, quienes no dudaron en acompañarlo. Con la asesoría técnica de Bartolomé Abellán, enólogo jefe del grupo Gil Family Estates, Nadal empezó por restaurar un viejo viñedo llamado Dominio del Liftado, ubicado a 750 metros sobre el nivel del mar, en la zona de Término de Arriba, en Jumilla, donde los viñedos de la zona se benefician de las brisas mediterráneas y de un microclima diferenciado.

Nace El Tenista
Aquí, precisamente, nace El Tenista, marca de vino tinto elaborada en su totalidad con la variedad Monastrell, como Rafael Nadal siempre quiso. Además, la parcela, plantada hace cincuenta años, se maneja bajo parámetros orgánicos. Y las vides clavan sus raíces en suelos calcáreos pobres, lo que permite elaborar un vino de gran concentración y carácter. Afirma Abellán: "El Tenista es realmente un producto de su terruño, con una concentración notable, combinada con una frescura increíble, proveniente, justamente, de las brisas mediterráneas que tenemos a esta altitud”.

Sin duda, Nadal ha ido mucho más lejos que otros ex colegas suyos como Roger Federer –embajador de marca de la francesa Moët & Chandon–, Nicolás Massú, chileno vinculado al negocio del vino, y Serena Williams, inversionista en Cincoro Tequila, creado por el ex basquetbolista y empresario Michael Jordan. Los únicos proyectos parecidos al suyo son los de Bodega Andrés Iniesta y una bodega de vinos en Serbia, gestada por Novak Djokovic y su famillia.
Los primeros ejemplares de El Tenista ya están comercializándose en Europa, con un precio de US$77 por botella. Como quien dice, “juego, set y partido”.
*Esta nota fue publicada en mi columna 'Entre Copas y Entre Mesas', sección 'Comer y Beber', en la edición dominical del diario colombiano El Espectador (01/22/2026)

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