La Inglaterra del vino


Hugo Sabogal
Reconozco que hablar de vinos ingleses puede sonar extravagante porque se trata de un territorio marcado por un clima frío y húmedo, con poca luminosidad y muy bajas temperaturas. Nada que ver con el soleado Mediterráneo ni con las zonas desérticas del Cono Sur.
La falta de exposición solar significa que las condiciones reinantes en Inglaterra les impiden a las vides madurar plenamente. Al no generar suficiente cantidad de azúcares para activar fermentaciones estables y sensaciones de cuerpo en el paladar, lo predominante es un alto nivel de acidez. Pero ese factor, justamente, define su principal rasgo de identidad
Los centros de producción de la viticultura inglesa se concentran en el flanco sur, en zonas como Hampshire, Sussex, West Sussex, Kent, Essex e East Anglia.


Allí se elaboran vinos sobresalientes, principalmente espumosos, hechos con el método tradicional, o sea, con doble fermentación en botella. Su desempeño en concursos a ciegas supera el de muchos de sus competidores franceses y se distancia de numerosos Proseccos italianos y Cavas españolas.
Entre las marcas más destacadas de espumosos ingleses figuran Nyetimber, Ridgeview, Winbirri y Lyme Bay. En su mayoría utilizan las mismas variedades empleadas en Champaña como Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunière. Todas dicen producir vinos frescos, explosivos y espontáneos.

Inglaterra también elabora blancos secos con variedades como Chardonnay, Bacchus, Sauvignon Blanc, Pinot Blanc y Pinot Gris. Igual que con los espumosos, estos monovarietales sin burbujas se distinguen por mostrar una personalidad escueta y sin adornos.
En la categoría de los rosados, igualmente, su factor de distinción se centra en sensaciones de frescor y sus colores pálidos. Para su elaboración, los bodegueros ingleses se valen de cepajes como Pinot Noir o Pinot Meunièr. También añaden porcentajes de vinos blancos para reforzar su condición refrescante.
Los precios de los mejores espumosos ingleses suelen ubicarse en las US$66 por botella. Los blancos y rosados fluctúan entre los US$44 y US$46 por botella.
A estas alturas, Inglaterra defiende su condición de producir espumosos, blancos y tintos de excelencia.
Bodegas, a la altura

A partir de 2020, el área total de viñedos se sitúo en 3.800 hectáreas, un aumento de más del doble en el último decenio. El 98% de lo producido proviene de Inglaterra, con un 1,5% de Gales. En total, aparecen registrados 770 viñedos y 165 bodegas en todo el territorio.
Pero una pregunta que ha surgido es cómo pueden enfrentar su futuro los productores ingleses en momentos en que la industria global sufre caídas en ventas y consumo.
Según la revista británica Vineyard Magazine, especializada en todas las facetas del negocio, resalta que el futuro del vino inglés no está predeterminado.
“Si la industria no se alinea con la evolución de los comportamientos y expectativas de los consumidores, corre el riesgo de estancarse, ser admirada, pero cada vez más marginal”, sentencia.
Y concluye: “Aquellos productores que reinventan su propuesta, gestionan activamente los costos, invierten en experiencia y narración de historias, colaboran a nivel local y nacional dan forma a una nueva era de crecimiento sostenido, la próxima década no se definirá por quién hace el mejor vino, sino por quién construye la conexión más fuerte con las personas que lo beben”.
*Este texto fue publicado en mi columna 'Entre Copas y Entre Mesas', sección 'Comer y Beber', en la edición dominical del diario colombiano El Espectador (27/09/2026)

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