México, la gran dama del vino
- hugosabogal

- 6 oct 2025
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Actualizado: 13 oct 2025

Hugo Sabogal
México, soberana del Mezcal y del Tequila, del Pulpe y la Charanda, del Sotol y la Raicilla, ostenta otro título insospechado en el universo de las bebidas fermentadas y destiladas: haber sido la primera y más importante productora de vinos de las Américas.
No se lo propuso. Ese honor le fue impuesto por su más severo colonizador: Hernán Cortes, hidalgo de Castilla, amante de la buena mesa, mujeriego, guerrero implacable y gran amante del terruño conquistado.
Consciente del acervo cultural, social y religioso del néctar de uva –y, por tanto, fervoroso transmisor de esos mismos valores en las nuevas posesiones–, Cortés promulgó hace 500 años (en 1525) un edicto con fuerza de ley.
Aunque fue Colón quien introdujo la Vitis vinifera a América, el Descubridor nunca tuvo que ver son su producción. Cortés, en cambio, se tomó en serio la tarea de convertir a la Nueva España en gran cultivadora y productora de vino, y en dinámico ejemplo para el resto de los territorios anexados.
Los colonos, la fuerza de arranque

Según relata el Oxford Companion to Wine (OCW), editado por la escritora británica Jancis Robinson, la orden impuesta por Cortés obligó a “todos los nuevos colonos españoles plantar 1,000 vides por cada 100 nativos en la tierra que se les otorgara”. Y así lo hicieron.
Seis años después, y como complemento del edicto de Cortés, el rey Carlos V ordenó a todos los barcos enrutados hacia el Nuevo Mundo transportar vides para su cultivo. Esto hizo, según el OCW, que todas las exportaciones de vino que hasta entonces enviaba Andalucía al Nuevo Mundo se suspendieran.
Para regar la parábola, las misiones religiosas asumieron el papel pedagógico y técnico en las zonas de influencia. Quizás el principal centro de conocimiento fue la Misión Santa María de las Parras, ubicada en el estado de Coahuila, transformada posteriormente en la bodega Casa Madero (aún en pie). Es la más antigua de su clase en el continente.
Vino y evangelización

Uno de los formadores estrella fue el sacerdote Juan Ugarte, quien se echó al hombro la tarea de viajar de misión en misión, hasta llegar a California.
Después de México y California siguieron otros ejes como Perú, Argentina y Chile, sentando las bases de una tradición que se mantiene viva y floreciente, pese a encontrarse en latitudes muy diferentes a las de sus orígenes. Incluso México ha vuelto a profesar su antigua vocación.
Todo este envite, sin embargo, llegó a un abrupto final en 1699 cuando un edicto proteccionista del rey Carlos II prohibió la producción de vino en las nuevas colonias. Ninguna se salvó. El alumno había superado al maestro. Entonces, nada más justo, por estas fechas, que reconocer el papel de México en el impulso inicial de la vitivinicultura en las Américas, incluida la del Norte. “¡Levantad las copas!”, ordenaría Cortés.
*Esta columna se publicó en la sección ‘Entre Copas y Entre Mesas’ en la edición dominical del diario El Espectador, Bogotá, Colombia (05/10/2025)

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