Los vinos isleños de Chile
- hugosabogal

- 17 nov 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 17 nov 2025

Hugo Sabogal
La Chile del vino ha dejado de ser un territorio cauteloso para convertirse en un potente motor de transformación de la actividad vitivinícola, especialmente frente a retos como el cambio climático, la caída del consumo, las nuevas preferencias generacionales y los vaivenes económicos en los países compradores.
Aunque Chile lidera el mercado de exportaciones de volumen gracias a una agresiva política de precios, esta misma táctica vienen implementándola sus competidores: Argentina, España, Portugal, Italia, California y Australia.
Ampliar fronteras

Entonces, ¿qué nuevos rumbos tomar para mantenerse en la cima? La respuesta ha sido ampliar la frontera vitícola e introducir nuevas variedades y estilos.
Junto con entidades gubernamentales del rubro, los bodegueros chilenos han optado por incorporar nuevas y distantes zonas de producción, sin importar que algunas presenten condiciones climáticas desafiantes. Eso sí –y lo saben–, todas poseen características únicas e inimitables de clima y suelo.
Las últimas dos denominaciones incorporadas son Rapa Nui (Isla de Pascua) y el archipiélago de Chiloé, ambos territorios insulares en el extremo sur del mundo. Detrás vienen emprendimientos similares en la lejana Patagonia chilena, todavía sin denominaciones autorizadas oficialmente.
Nuevos terroirs, nuevas cepas


Según los reguladores, las incorporaciones de Rapa Nui y Chiloé permitirán proyectar una expresión distintiva y con identidad local para facilitar “la innovación, desarrollo y competitividad de esta industria”, reza el último decreto.
Además de Cabernet Sauvignon, Sauvignon Blanc, Chardonnay y Pinot Noir, los productores de la frontera ampliada podrán recurrir a nuevas cepas como Greco di Tufo, Grenache Blanc, Chasselas y Fiano (blancas) y Garnacha (tinta).
El primer vino de Rapa Nui

En torno a Rapa Nui, sus suelos volcánicos, junto con su clima subtropical de temperaturas suaves, ya constituyen una propuesta diferenciada, y así lo ha constatado José Mingo, creador de la bodega Manutahi, cuyo eje se basa en la uva autóctona Rapavid. Mingo también cultiva tintas continentales como Syrah, Petit Syrah, Merlot, Grenache y Carignan. Las blancas no han podido brotar.
Los veteranos dicen ‘firmes’

En Chiloé, reconocidas marcas del territorio continental han impulsado varios proyectos en la última década. El más visible lo encabeza Viña Montes, con la producción de un espumante elaborado con método tradicional y de producción limitada. Y tras lidias y sacrificios, Clos des Guêpes, bodega pionera ceada por el francés Denis Duveau, ligado al Valle del Loira, en Francia, ya da de que hablar con sus cosechas de Pinot Noir, Chardonnay y Sauvignon Blanc.
La estrategia chilena de darles relevancia a los extremos geográficos se extiende también al flanco norte (Valle de Copiapó), donde un protagonista como Viña Ventisquero se abre paso con sus exitosos vinos de desierto. Es todo un enfoque recursivo y visionario, algo que se aprecia.
Datos clave
Distancia entre Santiago y el Castro, la capital de Chiloé:
1.199 kilómetros al sur.
Distancia entre Santiago y Rapa Nui:
3.760 kilómetros al este
Del extremo sur al extremo norte

*Esta columna fue publicada en la sección ‘Entre Copas y Entre Mesas’ en la edición dominical del diario El Espectador, Bogotá, Colombia (15/11/2025).
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