Gen Z, otra visión del vino
- hugosabogal

- 22 oct 2025
- 2 min de lectura

Foto de Mysa.Wine
Hugo Sabogal
Con respecto al futuro del vino, nosotros, los Baby Boomers (nacidos entre 1946 y 1964), debemos reflexionar y admitir que los nuevos círculos de consumo nos están cambiando la ruta.
Hoy el lugar protagónico lo ocupan consumidores de las generaciones X (1965-1979), Y (1981-1996), Z (1997–2010) y, a partir de 2010, Alfa. Para estas agrupaciones, el vino, tal y como lo conocemos, no será el mismo. Y esto es porque la cultura del vino, basada en expertas opiniones, vocabulario complejo, exigentes niveles de conocimiento y altos puntajes, es algo que no los engancha.
Que me sepa bien, eso es todo

Para ellos basta que los vinos sepan bien y que marcas, empaques, procesos de producción y manejo de viñedos se alineen con sus valores. Son indiferentes a las recomendaciones de especialistas, porque, según lo señala el portal español www.sobrelías.com, viven “inmersos en la sociedad de Internet y consumen solo formatos digitales; estudian y leen online; son autodidactas; los tutoriales de Youtube son sus grandes aliados y están a la vanguardia de las redes sociales”.
Entonces, ¿qué buscan?
Se inclinan, primordialmente, por estilos experimentales, como el de los vinos naturales y/o de denominaciones alternativas; no se impresionan con los añejamientos; se interesan en los vinos tintos frescos; reclaman sostenibilidad sin cortapisas; optan por productos de bajo alcohol o desalcoholizados, y sólo se dejan tentar por atrevidas etiquetas y estrategias de mercadeo no convencionales.

Naturales, naturales
Una empresa que se mueve como pez en estas aguas es la sudafricana New Theory, cuyos vinos llevan nombres como El dolor de crecer, Mordisco de amor y Mentiras piadosas. O aluden a estados de ánimo como Bebé lloroso, Relájate, Obsesionado o Incredulidad. Y el enólogo argentino Matías Riccitelli sobresale con etiquetas como This is not another lovely Malbec, Garnacha Invader, Hey Rosé y The apple doesn’t fall far from the tree. O sea, nada de santos ni santas, ni apellidos familiares, ni menciones a lujosos castillos.
Los Gen Z piden formatos y envases no convencionales como latas de aluminio, cajas como el bag in box, y botellas de cartón, papel y materiales vegetales.
Para los Z, otro atractivo tiene que ver con los vinos de orígenes no tradicionales. El caso más mencionado últimamente es el del espumoso Frezzcanti, producido por Casa Domecq, de Colombia, país eminentemente cafetero.

'Adaptarse o morir'
Para Sobrelías, la industria deberá trabajar en la nueva tendencia, porque no dispone de otras opciones: “es adaptarse o morir”. Y agrega: con el fallecimiento y envejecimiento progresivo de los Baby Boomers, “el mercado tradicional de bebedores de vino se está esfumando y ha sido sobrepasado por tres generaciones en las que el vino no ha estado ni se le espera”.
¿Es el fin del cultismo enológico, como lo plantea la casa australiana McLaren Vale Cellars? Quizás no hay que ir tan lejos, pero doblan las campanas.
*Esta columna fue publicada en la sección 'Entre Copas y Entre Mesas' en la edición domionical del diario El Espectador, Bogotá, Colombia.
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