El remezón del té Matcha
- hugosabogal

- 18 sept 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 9 oct 2025

Hugo Sabogal
Aparte de comentar sobre destilados y fermentados, resolví estudiar el tema del café, cuyo contenido de cafeína lo matricula entre las bebidas estimulantes. ¿Dónde dejé el té, ese otro portador de cafeína? Admito que lo relegué.
Por eso quiero equilibrar cargas y referirme al remezón mundial causado por el Matcha, un té verde chino potenciado por Japón. Su actual escalada impacta todos los segmentos, géneros, edades, niveles sociales y culturales.
El Matcha se bebe solo, en cócteles o con leche, y extiende sus dominios a la coctelería y a la alta cocina. También pulula en postres, tortas, galletas, salsas, aderezos, arroces, guisos, y marinadas.
Además de poseer las mismas propiedades del café como bebida estimulante, el Matcha arroja un rosario de beneficios que lo distancian de su competidor. Por ejemplo, la sensación de vitalidad. Esta dura hasta ocho horas, mientras que, en el caso del café, sólo tres. Así, para quienes busquen prolongados estímulos con el café, deben beber entre tres a cuatro tazas diarias; un entusiasta del Matcha, solamente una o dos.
Su esencia, entonces, es la potencia. Adicionalmente, sus beneficios diferenciadores incluyen altas dosis de antioxidantes, regulación del colesterol, mejoramiento del tránsito intestinal, alto contenido de vitaminas, mejor rendimiento intelectual, reducción del envejecimiento de células y, sobre todo, bajas calorías. En cuanto a sabores, se trata de una infusión agradable, tentadora y poco amarga.
Otra particularidad es que sus moléculas no se granulan como las del café, ni se convierten en hojuelas secas, como las del té verde. Por el contrario: son finas, suaves y sedosas, gracias a una ‘molienda’ ejecutada con piedras. Sus sabores no son amargos, sino dulces, frescos y vegetales, consecuencia de cultivarse bajo sombra y no a cielo abierto. Pero quizás su más llamativa particularidad es su color verde resplandeciente.
Ceremonia del servicio
Al momento de prepararlo se utiliza un pequeño cuenco, y para despositar el polvillo, se recurre a una pala delgada. Lo que quepa en ella –un gramo– es suficiente para la dosis personal. Una vez se vierte el agua, el Matcha se agita con un chasen o batidor de bambú, y ya puede vertirse. En síntesis, toda una rutina ceremonial. Se consume en casa, bares, restaurantes y tiendas de café especial.
Su origen se remonta a China durante la Dinastía Tang, entre los siglos VII y X. Entre 960 y 1279, la técnica de manejo evolucionó durante la Dinastía Song. Luego, en el siglo XII, sus semillas fueron transportadas a Japón por un monje budista llamado Eisai. Allí echó fuertes raíces en la región de Uji. Al comienzo, sólo lo consumieron las élites, pero hacia finales del siglo XX se popularizó y se regó por el mundo.
En Colombia, una bolsa de 1.5 gramos fluctua entre COP$13.000 y COP $15.000, y una libra, entre COP$53.400 y COP$300.000, según el origen. La codiciada selección Imperial –excelencia pura– vale unos COP$9.000.000/libra. La única desventaja es su baja producción, y ese, quizás, sea también su mayor atractivo: ser único.
*Esta columna se publicó en la sección ‘Entre Copas y Entres Mesas’ en la edición dominical del diario El Espectador, Bogotá, Colombia. 10/08/2025
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