Y todo el orbe se tiñe de blanco
- hugosabogal

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Actualizado: hace 1 día

Hugo Sabogal
Impulsado por el decisivo crecimiento del vino blanco en España en años recientes (tema de mi nota anterior), volví la mirada a otros países para constatar si el fenómeno es similar. Y lo es. Tanto así que el portal especializado Wine Searcher lo define como “racha ganadora” que deja al vino tinto “perdido en la polvareda”.
Y acota: “Resulta cada vez más claro que… muchas regiones –antes conocidas por sus tintos– ahora optan por los blancos”.
Para conocedores globales como Wine Searcher, "es cada vez más claro que los blancos se toman con pulso firme el orbe”.
Un caso resaltado en fechas recientes es Uruguay, donde la uva tinta Tannat fungía como reina absoluta desde 1870 cuando el inmigrante vasco-francés Pascual Harriague la trajo a Suramérica y la adaptó a las condiciones locales uruguayas, hasta convertirla en insignia absoluta del país suramericano. Sin embargo, cuando Bodega Garzón plantó cerca de la costa atlántica uruguaya la uva blanca Albariño, el panorama cambió de raíz. En 2024, las ventas de Albariño uruguayo crecieron un 52 por ciento y superaron la hegemonía del tinto Tannat.
Fenómeno común a todos los continentes

En el mapa global, la historia se repite. En Estados Unidos su producción creció un 39,6 por ciento, y, dependiendo de las zonas geográficas locales, sobresalen el Sauvignon Blanc, el Pinot Grigio, el Chenin Blanc y el Riesling.
Algo similar ocurre en Sudáfrica, Chile y Nueva Zelanda. De hecho, los blancos ya representan el 50 por ciento de la producción global, por encima del vino tinto.
En Argentina, el enólogo Sebastian Zuccardi argumenta que la demanda de sus Chardonnay, Torrontés, Riesling, Verdejo y Albariño no deja de crecer, gracias a su papel gastronómico con mariscos. Contienen bajo alcohol y ofrecen jugosa frescura en el paladar, rasgo ideal para este tipo de platos.
Más hacia el gélido norte europeo, las nuevas generaciones encuentran en los blancos alemanes, con el Riesling a la cabeza, un aliado perfecto. Son fáciles de tomar y aptos para conversar o alegrar platillos. Además de Riesling, brillan cepas como Müller-Thurgau, Silvaner, Pinot Blanc y Gewürztraminer.
Italia ly Portugal también se suman

Igual ocurre con los blancos italianos, que toman posiciones de liderazgo y constituyen el 58% de la producción total de su país, superando por mucho a los tintos. Atraen por su versatilidad, su alta acidez y sus sensaciones minerales. Allí encantan varios como Pinot Grigio, Soave, Vermentino, Verdicchio y Fiano.
En Portugal, en el extremo sur de la península ibérica, cepas blancas como el Alvarinho emocionan, en especial los de la denominación de origen Vinho Verde. Se distinguen por su diversidad y alta calidad, y por transmitir sensaciones costeras frescas y aromáticas, sin opacar a los blancos estructurados, añejados en barricas de roble, otra tendencia en evolución. En definitiva, es un panorama de transformación que amenaza el dominio de los tintos clásicos del mundo.
*Esta columna se publica en la sección 'Entre Copas y Entre Mesas' en la edición dominical del diario El Espectador, Bogotá, Colombia (03/05/2026)

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