Al tinto no le pasan los siglos
- hugosabogal

- 24 nov 2025
- 3 Min. de lectura

Hugo Sabogal
El vino tinto es una bebida ineludible para millones de entusiastas. Por eso, en estos días, es tiempo de elevar la copa y brindar por este gran coloso. ¡Salud! por haber sido fiel compañero de la humanidad y eje de la cultura enófila durante milenios. Mañana, en efecto, es 24 de noviembre, Día Mundial del Vino Tinto, y la ocasión obliga a recordar su historia, su esencia, su alcance y sus aportes, no sólo en lo cultural, social y gastronómico, sino en áreas como salud y bienestar.
¿Por qué encanta y deleita? Por alegrar buenos momentos. La primera referencia hecha al tinto surgió en la isla griega de Quios (Chios, en griego), prehistórico centro económico donde se producía un brebaje de gran aprecio y fama, al que se conocía como el “vino negro de Chian” (o sea, vino tinto).

El color, su gran diferencia
Justamente, su color generó interrogantes. Si la piel de la uva es negra o púrpura y si su pulpa es cristalina y transparente, ¿por qué, al macerarlas, surge un jugo teñido? La respuesta está en la antocianina, pigmento común en las pieles de ciruelas, arándanos y cerezas. Luego viene la fermentación, proceso en el cual el jugo azucarado se junta con levaduras, dándole vida al vino.
Pasando la hoja y situándonos en el presente, cabe resaltar los sistemas de categorización que agrupan a los distintos vinos tintos disponibles hoy: desde tipo de cepa y proceso de elaboración, hasta tiempos de crianza y gama de estilos.

El tinto y sus categorías
Categorización por cepa o variedad: cada variedad tinta posee características propias de color, sabor, aroma y estructura. Tómese el caso de la Cabernet Sauvignon, caracterizada por su hollejo denso y negro. De ahí, su intensidad, cuerpo, taninos firmes y sensaciones a frutas como ciruela y mora. En el extremo opuesto figura la Pinot Noir, de piel delgada y coloración clara, por lo que transmite sabores ligeros y recuerdos a frambuesa y cereza. Y entre uno y otro se ubican cepas de rasgos intermedios como Merlot, Syrah, Tempranillo y Malbec.
Categorización por estilo (de seco a dulce): aquí, un tinto seco contiene una dosis mínima de azúcar residual, como el Cabernet Sauvignon. El dulce, por el contrario, exhibe un mayor contenido de azúcar residual. Ejemplos: Oporto y Amarone.

Denominaciones de alcurnia
Categorización por denominación de origen: destacan aquellas zonas donde se practican altos estándares de elaboración: Burdeos, Borgoña, Rioja, Ribera del Duero, Valle de Sonoma, Chianti, Valle Central de Chile, Mendoza, Barossa Valley.
Incluso, el tinto puede clasificarse por precio: de mesa, de autor, de parcela, edición limitada y premium. En la cocina, su papel es determinante: no sólo acompaña alimentos en la mesa, sino que brilla como ingrediente en múltiples preparaciones. Y si se habla de salud, contiene minerales como fósforo, magnesio y zinc, al igual que antioxidantes, claves para prevenir enfermedades coronarias y alargar la vida unos cuantos ‘abriles’ más.
Sí, el tinto es esto y mucho más. Ya habrá tiempo de ahondar. ¡Salud en su día!

*Esta columna, con el título “El vino tinto, en su esencia”, se publicó en la sección ‘Entre Copas y Entre Mesas’ en la edición dominical del diario El Espectador, Bogotá Colombia. (22/11/2025

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